Día Nacional de la Afrocolombianidad | 21 de mayo
En Bogotá, lejos de los ríos del Pacífico, de los tambores del Chocó y de las cocinas donde el coco y el pescado cuentan historias, hay comunidades afrodescendientes que siguen resistiendo. No solo sobreviven al recuerdo de la violencia, sino que transforman el dolor en memoria, cultura y esperanza.
Elizabeth Andrades Córdoba recuerda que abandonar su territorio no fue una decisión, sino una obligación impuesta por el miedo. Como miles de familias afrocolombianas, tuvo que dejar atrás su tierra, sus costumbres y parte de su historia a causa del conflicto armado.
“Uno nunca sale porque quiere. Sale porque quiere vivir”, expresa mientras comparte las tradiciones que hoy mantiene vivas en la capital del país.
Su voz se une a la de Eugenio Martínez, Baldoino Asprilla Rivas y Luz Amelia Arboleda, quienes también cargan las huellas del desplazamiento forzado, la violencia sexual, la pérdida de seres queridos y otros hechos que marcaron profundamente sus vidas.
Sin embargo, en medio de las heridas, encontraron en la cultura un camino para reconstruirse.
En diferentes espacios comunitarios de Bogotá, estas lideresas y líderes afrodescendientes impulsan procesos de memoria, encuentros culturales, cocina tradicional, música, danza y actividades pedagógicas que permiten fortalecer el tejido social y preservar la identidad afrocolombiana.
Cada actividad es también una forma de resistencia.
Los cantos, las historias y las recetas heredadas de sus ancestros se convierten en herramientas para sanar colectivamente y enseñar a las nuevas generaciones que la cultura afro no es solamente tradición: es memoria viva.
Luz Amelia Arboleda asegura que compartir sus saberes con otras personas le ha permitido recuperar parte de lo que la violencia intentó arrebatarle.“Cuando cocinamos, cantamos o contamos nuestras historias, volvemos a encontrarnos con quienes somos”, afirma.
Para Baldoino Asprilla Rivas, mantener vivas las raíces afrodescendientes es también una manera de dignificar a las víctimas y evitar que el olvido gane terreno.“Nos quitaron muchas cosas, pero no pudieron quitarnos nuestra identidad”, señala.
En medio del ruido acelerado de la ciudad, sus voces construyen comunidad.
A través del arte, la oralidad, la música y el trabajo colectivo, estas familias afrodescendientes han convertido el territorio urbano en un espacio de encuentro donde la memoria no se esconde, sino que se comparte.
Este 21 de mayo, Día Nacional de la Afrocolombianidad, sus historias recuerdan que detrás de cada cifra del conflicto existen vidas marcadas por el dolor, pero también por la dignidad y la capacidad de volver a empezar.
La Afrocolombianidad no solo se celebra en las raíces ancestrales o en la riqueza cultural de los pueblos afrodescendientes. También vive en quienes, aun después del desplazamiento y la violencia, siguen defendiendo su historia, su identidad y su derecho a existir con orgullo.
Porque en Bogotá, entre calles ajenas y nuevos comienzos, la memoria ancestral sigue latiendo.